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SAN MARQUINOS............

2/02/2009

PROPUESTA DE HERNAN FUENTES PARA FEDERALIZAR PERU


PROPUESTA DE PUNO
FEDERALIZAR EL PERU
"Este es un tema que se está planteando desde Puno de una manera multipartidaria, conjunta. Planteamos el establecimiento de un nuevo sistema de organización política para nuestro país. En segundo lugar se ha trabajado desde los distritos y provincias".
"Es una propuesta para el debate nacional, queremos que lo entiendan de esa manera. No se tiene ninguna intención separatista o divisionista como algunos lo han querido presentar. Lo que planteamos es una nueva propuesta de organización política para nuestro país, que debe pasar necesariamente por el cambio de la Constitución del Estado".

Hernán Fuentes.

¿República unitaria?
El Perú es hoy una república unitaria. Y uno su Estado. Este postulado de “unidad” es tan antiguo como la república misma. La primera formulación explícita del mismo se dio en Art 1° de la Constitución de 1823 bajo el texto: “Todas las provincias del Perú, reunidas en un solo cuerpo, forman la Nación peruana”.

Posteriormente se reafirmó ese postulado en las Constituciones de 1828, 1834 y 1839. Del mismo modo en la de 1856, y se repitió casi literalmente en las constituciones de 1860, 1867 y 1920.

Recién en la Constitución de 1933, se explicita “El Estado es uno e indivisible”. En la Constitución de 1979, en el Art. 79, se dice en cambio: “El Perú es una República democrática ... Su gobierno es unitario...”. Finalmente, en la Constitución de 1993, retomándose exactamente el texto de la de 1933, el Art. 43° postula que “el Estado es uno e indivisible”.
Por otro lado, en múltiples ocasiones ha habido gobiernos paralelos.

Y, finalmente, por lo menos en una ocasión, no ha habido Estado unitario. En efecto, en marzo de 1836 quedó constituido el Estado Sud Peruano conformado por los entonces existentes departamentos de Arequipa, Ayacucho, Cusco y Puno. Y meses después, en agosto del mismo año, quedó formado el Estado Nor Peruano con la integración de los departamentos de Amazonas, Junín, La Libertad y Lima. Uno y otro, conjuntamente con Bolivia, dieron forma en octubre de ese mismo año a la Confederación Perú Boliviana, cuya vida apenas duró veintiséis meses. Fue liquidada en enero de 1839, tras la batalla de Yungay, con la intervención de la Burguesía chilena y su ejército.



Estados federales para cambiar el Perú
La historia muestra que a este respecto nuestras constituciones, todas, sin excepción, reflejan deseos más no la realidad que se ha dado y se da en nuestro país. Porque no corresponde hablar de “unidad de la nación” en un país que hasta hoy, legítimamente y para orgullo de todos, es “multinacional”.

La propuesta de que la Región Puno sea un Estado Federal, es una premisa para que en el Perú las otras regiones tomen opción por convertirse en estados federales que podrá conllevar a que se modifique la hechura fujimorista de la Constitución Política del Perú de 1993, por que los hechos sociales y políticos de los ciudadanos y ciudadanas se convierten en derecho y legal.

Así fue la lucha de los campesinos por la tierra y reforma agraria. La lucha armada de las guerrillas del Comandante Luis de la Puente Uceda, del Comandante Lobatón Milla, Javier Heraud y del camarada Hugo Blanco Galdos de 1965 fue por reforma agraria, tierra para los campesinos y por el poder político, que obligó a que se legalizara la reforma agraria. Lo legalizó de manera tramposa el primer gobierno de Fernando Belaúnde.

Quién legalizó y ejecutó de manera seria la lucha de los campesinos y guerrilleros por la tierra y reforma agraria, fue el General Juan Velasco Alvarado. En las leyes y constituciones antes de la Carta Magna de 1979, no estaba contemplada la realización de la reforma agraria.
La lucha de los trabajadores, campesinos y pueblos de los años de 1970 por la regionalización y descentralización, legalizó la Constituyente de 1979 y lo ejecutó el primer gobierno del APRA y Alan García Pérez, bajo la presión de los pueblos, trabajadores, campesinos y de la izquierda.

Hoy la lucha por Puno Estado Federal y la secuencia de otras regiones como estados federales, quieran o no quieran tendrá que ser legalizado. La legalización tendrá que hacerse a través de una Asamblea Constituyente. La propuesta de REGIÓN FEDERAL QUECHUA-AYMARA por el Presidente de la Región Puno, 07 consejeros regionales y algunos funcionarios del Gobierno Regional Puno, es una premisa para el cambio estructural del Perú.

Que sepan, los opuestos al encaminamiento de la Región Federal Quechua-Aymara (Puno Estado Federal), que los Estados Unidos de Norteamérica que es el imperio que domina el mundo, principalmente a los países subdesarrollados, entre ellos nuestro país; es la unión de estados federales, por eso se llama Estados Unidos de América (EE. UU. AA.). La ciudad de Washington que es la capital de los EE. UU. [Distrito Capital de los EE. UU. (Washington DC)], New York y Miami es donde tienen sus mansiones muchos aristócratas, oligarcas, los del poder económico y político del Perú, aunque otros tienen sus aposentos en otras ciudades de los EE. UU. Los EE. UU. que muchos sueñan irse o ya se han ido, es la confederación de 50 estados federales.

El UNITARISMO y el FEDERALISMO en nuestra Historia
La actual República unitaria o Estado unitario, que con tanto fervor defienden algunos “mistis” y alienados de nuestra región, tiene formalmente tiene acumulados 187 años de vigencia.
Sin embargo, el esquema “unitario” aparece de hecho en los Andes con el Imperio Chavín, con una vigencia de casi mil años. Se reeditó durante el Imperio Wari, durante casi cuatrocientos años. Y con el Imperio Inka por espacio de casi noventa años. Todos ellos fueron precisamente los períodos de la historia andina en que contra lo que sostiene la historiografía tradicional, menos se desarrollaron los pueblos andinos. Sometidos a un brutal centralismo, contribuyeron todos con su riqueza a que sólo se desarrollaran los centros hegemónicos: Chavín de Huántar, Wari (Ayacucho) y Cusco.

Tras la conquista, el esquema “unitario” volvió a reeditarse durante los 289 años de la Colonia. La riqueza de los pueblos andinos, en cantidades inconmensurables, fluyó interminable nuevamente hacia la sede imperial: España. A cambio, los pueblos del Perú se empobrecieron hasta el límite de lo inimaginable.
Y durante la República, como ha quedado mostrado hasta el hartazgo, el esquema “unitario” viene dejando un saldo de centralismo suicida, y de pobreza y atraso inaudito en todas las provincias del interior del Perú.

Por su parte la hasta ahora frustrada idea de hacer del Perú una República Federal es tan vieja como la República misma.
En efecto, se debatió en el primer Congreso del Perú, en 1822, cuando todavía no se habían librado las batallas de Junín y Ayacucho que sellaron la independencia del Perú.

Dice Basadre que “el Congreso rechazó en su sesión de 26 de noviembre de 1822, la proposición de Sánchez Carrión para que fuera implantado el régimen federal de gobierno”.
Años más tarde, pero pensando en la reunión de los territorios que había ayudado a liberar, Bolívar preconizó la idea de una República Federativa, y la impuso en la Constitución de 1826, que sin embargo no tuvo ninguna vigencia.

Basadre en su célebre Historia de la República del Perú destaca la adhesión de los representantes por Arequipa a la idea federativa, durante las deliberaciones previas a la dación de la Constitución que alentaba Bolívar. Y recuerda que por entonces, con difusión en todo el sur del país, se editaba en esa ciudad un diario llamado nada menos que El Federal, que ya tan tempranamente denunciaba “el centralismo de Lima”.

Poco puede decirse de la experiencia federal, bajo la Confederación Perú Boliviana. Fue básicamente impulsada por el general Andrés de Santa Cruz, con la aspiración de reconstituir tanto la idealizada unidad que se había dado en la antigüedad durante el Imperio Inka, y sólo durante él (porque ni Chavín ni Wari incluyeron el Altiplano); cuanto la unidad administrativa que se había dado durante la Colonia, y hasta 1776 (en que Bolivia pasó a jurisdicción del virreinato del Río de La Plata).

Pero no puede dejar de señalarse que la Confederación Perú Boliviana fue también el reflejó la intensa lucha por el poder entre las aristocracias del sur y norte del Perú, en la que ésta, en alianza con el ejército chileno, derrotó a aquélla, liquidó la experiencia federal y volvió a hegemonizar sobre todos los pueblos del territorio peruano.
Y, por lo demás, ni la conformación del Estado Sud Peruano, ni la del Estado Nor Peruano tenían asidero histórico. En ninguno de los dos espacios se había dado experiencia unitaria de ningún tipo en la antigüedad.

Mariátegui erró involuntaria e inadvertidamente cuando sostuvo que la idea federalista no muestra en nuestra historia raíces verdaderamente profundas.
Sin duda, con la información de que se dispone hoy, sería un abanderado firme y decidido del federalismo.
Pues él, como pocos, combatió tan lúcidamente el centralismo: “Uno de los vicios de nuestra organización política es, ciertamente, su centralismo” dijo con claridad meridiana en la década del 20, en Regionalismo y Centralismo, el sexto de sus célebres 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.

La Historia nos señala el camino
La Historia, nos dice que desde el colapso del Imperio Chavín hasta el surgimiento del Imperio Wari, es decir, durante ochocientos años, los pueblos andinos desarrollaron verdaderamente, cada uno en su espacio ancestral, ricas y fructíferas experiencias de autonomía. Fue el período de formación de las naciones andinas.
Así, manejando sus recursos con autonomía, sin transferir riquezas a ningún otro pueblo, surgieron simultáneamente las magníficas civilizaciones Moche, Lima, Nazca, Huarpa (Ayacucho) y Tiahuanaco, genesis de la actual nación Quechua Aymara, alcanzándose también un gran desarrollo entre los cajamarcas y huancas, entre otros.

Otro tanto ocurrió entre la liquidación del Imperio Wari y el surgimiento del Imperio Inka. Simultáneamente, en lapsos de autonomía que en promedio se prolongaron por trescientos años, resurgieron en el territorio la fuerza, creatividad y capacidad de generación y acumulación de riqueza de los pueblos andinos.

Esta vez, fue el período de consolidación de las naciones andinas.

En esas nuevas circunstancias, los mismos pueblos andinos dieron esta vez forma a las civilizaciones Chimú, Chancay, Lima, Chincha, Chachapoyas, Recuay e Inka. Pero no menos meritorio fue otra vez el desarrollo de los cajamarcas y huancas, pero también el de los tallanes, huánucos, chankas y de nuestros antepasados inmediatos los kollas.

Es decir, nunca fue más rico y desarrollado el mundo andino que en los períodos en que los pueblos tuvieron autonomía política y económica. Esto es, durante el tiempo en que estuvieron organizados bajo la forma de lo que hoy denominamos un sistema descentralizado (o no centralizado); o, en su defecto, bajo el equivalente de lo que hoy denominamos un sistema federal.
En fin, tras la Colonia, desconociéndose las grandes bondades de esa riquísima experiencia, al imponerse el sistema de la “República unitaria Estado unitario”, se concretó un engendro histórico. Pues en lugar de recogerse la mejor y más fructífera experiencia de espíritu obviamente federal, se prolongó la nefasta experiencia unitaria e intrínsecamente centralista del Virreinato. Hoy estamos pagando las consecuencias de ese gravísimo error histórico de los inicios de la República.

Tramposas decisiones y remedos de descentralización
Si realizamos un riguroso recuento puede sostenerse que, en 125 de los 187 años de la República, han existido y funcionado organismos departamentales y/o regionales.

Si no conociéramos la realidad del país, podría creerse que, con tan larga experiencia, la descentralización actual del Perú es una realidad.

Siendo en cambio que el acusado centralismo en Lima es la realidad palmaria e incontrovertible, puede hasta postularse el principio de que, por lo menos en nuestro país, “a más leyes de descentralización, más centralismo”; a más declaraciones formales de descentralización, más esencia centralista.

Esta impactante constatación no hace sino confirmar uno de los postulados centrales de los políticos peruanos: la posición de los candidatos, a través de sus demagógicos discursos en campaña; y de los gobernantes, a través de las leyes; no sólo es distinto a su discurso implícito (sus acciones cotidianas), sino que hasta anticipa exactamente lo contrario de cuanto están dispuestos y van a realizar.

Nuestra larga historia republicana sugiere que no será a través de proyectos de ley planteados por el Poder Ejecutivo, o de leyes generadas en el Congreso, como los pueblos del Perú podrán dar inicio a un genuino proceso de descentralización.
Todo sugiere también que deberán ser los pueblos del Perú quienes, por todos los medios que estén a su alcance, fuercen al Gobierno y al Congreso a modificar la CONSTITUCION, y a dar las leyes que den realmente inicio a un proceso irreversible y de cada vez mayor descentralización.

El Perú debe ser una República Federal
No es ésta la primera vez que en el país se emprende una lucha por alcanzar tan alto propósito.
En las postrimerías del siglo XIX, aunque sin mayor trascendencia, se libró una batalla inicial. Postularon el federalismo los partidos Demócrata, de Piérola, y Liberal, de Durand.
Por entonces, quizá en ningún espacio como en Loreto se reivindicó con tanto ardor la propuesta de hacer del Perú una república federal, ni se planteó con tanta vehemencia las críticas al centralismo. Así, en Cuarenta años de revoluciones en Loreto, crudamente se dijo y se hacían también proposiciones específicas muy concretas:

El Perú está colonizado por su propia capital que absorbe como una esponja la savia económica que se produce en todas las regiones afirmándose además que “la capital fundada por Pizarro conserva la mentalidad colonial de mirar con desdén a las provincias”.

En el orden económico los recursos y riquezas regionales son de propiedad de los Estados Federales.
Deben ser administradas por ellos, señalando un canon para el Gobierno Central; las regiones deben dictar sus propias leyes tributarias, administrativas, económicas y sociales, etc.
Si hoy la Amazonía como el Altiplano peruano yace completamente aislada del resto del país, cuánto más no lo estaría a fines del siglo XIX.
De allí que, tan solventes propuestas no lograron al resto de las provincias. Y si llegaron a Lima fue para desdén de los centralistas.

Recientemente, el Presidente Regional de Puno y siete Consejeros, de manera multipartidaria decidieron dar el paso audaz de reiniciar el proceso de convertir a nuestro país en un Estado Federal. Cuando los diversos grupos de la población peruana fueron sometidos a un sondeo por CPN Radio, uno de los medios nacionales más influyentes, resultó que un sorprendente 30% de los encuestados estaban de acuerdo con la federalización del Perú..
Pero muy pocos se han atrevido a sostener abiertamente la tesis de una república federal, como lo ha hecho el colectivo del Gobierno Regional de Puno.

En el mundo desarrollado de Occidente se han organizado bajo el sistema de república federal países con mayorías lingüística y étnicamente muy homogéneas, como Estados Unidos de Norteamérica, Alemania y Austria; y, en América Latina, países como México, Venezuela, Brasil y Argentina.

Pero también países en los que aún hoy puede distinguirse grupos numéricamente importantes de poblaciones con idiomas distintos, como los francófonos, ítalo parlantes y germano parlantes, en Suiza; o los catalanes, vascos, gallegos y castellanos, en España (aunque formalmente es un reino). Histórica, sociológica y lingüísticamente, éstos dos últimos países tienen sin embargo más razones para tener organizaciones federales que los primeros.

Mas, como ninguno de ellos, el Perú era y sigue siendo un país multinacional, multiétnico, multicultural y multilingüístico.
Pero además, y como está dicho, con larga y muy fructífera vida autónoma de sus distintas y ancestrales nacionalidades.

¿Alguien podrá negar las sustantivas diferencias que existen entre los kollas del Altiplano y sus vecinos inkas del Cusco; o las que existen entre todos ellos y los antis de la Amazonía; y entre unos y otros con los cajamarcas, los tallanes de Tumbes y Piura; los chimu de Lambayeque y La Libertad; los limeños e iqueños; y los arequipeños, por ejemplo.

Pero, más aún, y como paradójico resultado del centralismo subdesarrollado (que no ha integrado físicamente el territorio), todavía se mantienen virtualmente intocadas las viejas y marcadas fronteras entre todos y cada uno de esos pueblos.
Poco ha cambiado la delimitación de los poblaciones que en las primeras décadas del siglo XV conquistaron los inkas. Siguen siendo las cumbres cordilleranas, y/o los desiertos, y/o los grandes ríos los que todavía separan a unos de otros. Sólo están integrándose, aunque en un informe, poco definible y complejo agregado social, los inmigrantes de todos los rincones del Perú que se han afincado en Lima. Con el aporte de “todas sus sangres”, estos hijos llegados a la capital están a su vez dando forma a una nación distinta a las de aquellos cuyos padres han quedado en provincias.

Salvo por esto, entonces, casi estamos como en 1821; o, incluso, como cuando empezó a expandirse el Imperio Inka. Esto es, y a pesar de los siglos que han transcurrido, siguen sólidamente vigentes las razones para hacer del Perú una República Federal.
En ésta, respetándose la unidad del país, cada uno de los grandes pueblos del Perú podrá por fin regir con gran autonomía su destino. Y, con legítimo orgullo, aspirar a reeditar la grandeza de sus antepasados, pero sin hegemonismos de ninguna índole.
Convertir al Perú en una República Federal será el reconocimiento de que, habida cuenta de las ricas e inocultables diferencias culturales, idiomáticas, geográficas y de riqueza en el territorio, las diversas poblaciones regionales tienen derecho a contar con: a) gobiernos autónomos, y b) legislaciones propias; que les permitan, c) usar, fundamentalmente en su beneficio, las riquezas de su territorio.
Es imprescindible entender que ese objetivo debe ser el eje central de nuestras luchas y preocupaciones políticas inmediatas. Ninguna de las urgencias inmediatas debe hacernos perder de vista tal objetivo.

Así, debemos pugnar por crear fuentes de empleo, pero en el contexto de la descentralización; por incrementar sueldos y salarios, pero como parte de la descentralización; por construir viviendas, puertos, carreteras, etc., pero en y desde las regiones; y, por ejemplo también, por desarrollar la agricultura, la ganadería, la minería, el turismo, etc., en las regiones y desde las regiones.

Los pueblos del Perú, pues, con todos los medios pero efectivos a su alcance, deben presionar al actual y todos los gobiernos que sea necesario, hasta convertir al Perú en una República Federal.
La actual división del territorio
Desde 1980 se configura el mapa político que más conocemos los peruanos de hoy.
Sobre esa base se diseñó el mapa de regionalización que fue construyéndose entre 1987 y 1992, y con el que quedaron constituidas 13 regiones. Este proceso fue abrupta y arbitrariamente cancelado por la dictadura fujimontesinista, cuando apenas se habían acumulado pocos e insignificantes meses de experiencia.

Se puede afirmar que la delimitación que quedó establecida en 1992 adolecía de sensibles errores que, con el tiempo, habrían dado paso a innumerables problemas de múltiple género.

Históricamente, nada ha vinculado estrecha y orgánicamente a esas “regiones” como espacios históricos a sus correspondientes pueblos.
Su forzada unión fue una arbitrariedad, el resultado de un mal cálculo de escritorio, y peor análisis de gabinete. Pero además porque, en relación con su integración física, nunca ha existido, ni existen siquiera, vías de comunicación que unan a sus correspondientes pueblos y economías.

Nosotros planteamos que en la delimitación y denominación de las regiones, deberá tomarse en cuenta prioritariamente también criterios geográficos, económicos y políticos; pero asimismo la formación histórico cultural correspondiente, que como bien se sabe tiene una enorme importancia en la identidad de las personas y grupos humanos que conforman las regiones.

Si del número de Estados Regionales y las dimensiones de cada uno se trata, ello no debe inquietarnos. En relación a las dimensiones de sus respectivos territorios, Suiza, Austria, Alemania y España tienen una división proporcionalmente más numerosa.
Así, con la misma área promedio de las circunscripciones autónomas de España, el Perú podría tener hasta 46 Estados; y con el de Suiza, hasta 627. Todos los departamentos del Perú, incluso los más pequeños, tienen equivalencia territorial con países del mundo. Así, y para hablar de países pequeños y pobres, Lambayeque es de las dimensiones de Albania; Ica del tamaño de El Salvador; Tacna de un área muy similar a Swazilandia, y; finalmente, Tumbes es equivalente a Trinidad y Tobago.
Pero también Madre de Dios es de un área similar a Austria; Apurímac tan grande como Israel; y Huanuco tan extenso como Suiza. No obstante, sus correspondientes PBI son 5, 2 y 6 veces el del Perú.
Las dimensiones, pues, significan poco, muy poco, en el caso de un país tan subdesarrollado como el Perú.

Más ello abunda en la preocupación que debemos tener por la suerte de los actuales departamentos territorialmente chicos de nuestro país.

Análisis de la propuesta de Federalización
Estamos convencidos de que la división político territorial de tipo federativa sobre la base de los actuales “regiones”departamentos sería absurda. Tras una exhaustiva revisión de los actuales límites departamentales, queda en evidencia que en su configuración se han concretado varios errores potencialmente conflictivos. El mejor ejemplo de los cuales es hoy el innecesario “enfrentamiento” entre Moquegua y Tacna.

En términos generales, como parte de nuestro penoso subdesarrollo, para el caso de algunas “regiones” puede sostenerse que sus posibilidades de desarrollo autónomo y autosostenible son absolutamente mínimas, cuando no nulas.

Tumbes y Tacna, en particular, carecen de los recursos naturales y de la capacidad económica instalada como para garantizarse a sí mismos un desarrollo sostenible. Independientes y políticamente aislados, dada su precaria riqueza económica, serían presa fácil de las economías de Guayaquil (Ecuador) y de Arica (Chile), respectivamente.
Pero además, Tumbes, separado de Piura; y Tacna, separado de Moquegua, perderían la oportunidad de potenciar una relación histórica milenaria. En el primer caso, porque el común territorio de ambos departamentos fue asiento del pueblo tallán del que son legítimos herederos.

Otro tanto ocurrió, con el largo, pero también largamente interrumpido asiento de los kollas altiplánicos en los territorios de Moquegua y Tacna, de cuyos vestigios (incluso en las viviendas) hay innumerables testimonios. Pero en uno y otro caso se perdería además una centenaria y relativamente buena integración física, cuya existencia es inobjetablemente buena para empezar. Además que en agroindustria y minería, respectivamente, tienen grandes posibilidades de apalancar el común desarrollo.

Sobre la constitución de San Martín como Región independiente puede hacerse observaciones similares. Se perdería las potencialidades intrínsecas de la centenaria relación con Amazonas, en tanto uno y otro espacio fueron el asiento de los chachapoyas, de los que también son legítimos herederos, y allí están para demostrarlo las construcciones de Kuelap, en el primero, y del Gran Pajatén, en el segundo. Bien puede sostenerse que a partir de ellas puede constituirse un polo de desarrollo turístico capaz de competir con el Cusco.
Por su parte, la no integración de Huanuco y Pasco, disminuiría las posibilidades de potenciar la concurrencia de sus complementarias economías agrícola y minera, respectivamente.
Y para ello, sin duda, resultará apreciable la integración física que proporciona el tramo de la Carretera Central que los une. Por lo demás, no existen problemas de celos o rivalidades entre las poblaciones de ambos territorios.
Para el caso de Lambayeque y La Libertad, sería igualmente penoso desperdiciar la enorme identidad étnicocultural que existe entre la inmensa mayoría de sus pobladores. Al fin y al cabo, son herederos legítimos de los pueblos mochica y moche que, históricamente integrados, dieron forma a la gran civilización Chimú. Por lo demás, y también para empezar, es razonablemente buena su integración vial a través de la Carretera Panamericana.
Un caso especial es el de Cajamarca. Siendo su configuración eminentemente vertical, no tiene ninguna carretera que vertebre a todo el territorio de norte a sur. En verdad, Cajamarca es la suma de dos espacios muy pobremente integrados entre sí.
Extrañamente, el área sur está bien integrada con La Libertad, a través de la carretera que une la provincia de Pacasmayo con la ciudad de Cajamarca; y el área norte con Lambayeque, a través de la carretera que une Olmos con Jaén.
Por lo demás, en la historia de Cajamarca está bien afincado el mito de un remoto poblamiento por “gigantes” que llegaron de remotas tierras. Estos, a nuestro juicio, no habrían sido otros que los mismos que dieron origen al pueblo sechín y que a su turno habrían sido los que dieron origen a los pueblos mochica, moche y a la postre chimú. Habría entonces fundadas razones de integración física e histórica para que los departamentos de Lambayeque, La Libertad y Cajamarca constituyan una sola Región.
Muchas de las actuales “regiones”, por otro lado, pueden perfectamente desarrollarse de manera autónoma. Sólo resulta insostenible imaginar al departamento de Lima como una Región. Sería virtualmente imposible que sus provincias del norte y sur alcancen un mínimo desarrollo supeditadas a las autoridades de Lima que, por la pesada inercia histórica, seguirían privilegiando los intereses de la capital.
Tiene que postularse una solución especial para ese espacio. Pero somos unos convencidos de que con una real descentralización la realidad espacial, económica y cultural de Lima su realidad cambiaría Las provincias se encargarán de realizar soluciones más ingeniosas y prácticas, y más próximas a la realidad.

Caso Puno
La Región Puno, propiamente dicho; a los 3 mil millones de nuevos soles que tiene como PBI (producto bruto interno) regional [el PBI regional que manejan los gobiernos centralistas (central) y neoliberales nacionales], podrá agregar más ingresos desde la extracción de petróleo de las zonas del circunlacustre del Lago Titicaca, de la explotación de petróleo de Alto Inambari, Putina Punco, Yanahuaya y San Juan del Oro (Sandia) y San Gabán, Ituata, Ayapata y Ollachea (Carabaya).
Otra de las fuentes de ingreso, podrá ser la explotación de gas de Candamo (Sandia).
La contrafuerte económico de 3 mil 500 millones, se podrá incrementar a mucho más a través de los tributos por las explotaciones de petróleos en la cuenca del Titicaca y en los valles de Sandia y Carabaya. Ese machón, podrá seguir creciendo a través de los tributos por la explotación de gas de Candamo y por la explotación de uranio de Carabaya.

A esos tesoros un gobierno estadual democrático y patriótico de visión productor, solidario e inclusivo, se podrá aumentarse con tributos excepcionales a las mercaderías extranjeras que ingresan a las ciudades de Juliaca, Ilave y Puno.

¿Y la coca?. Haciendo transformación racional de la coca y transformando las fibras de los camélidos andinos y frutales amazónicos, mucho más robusto sería los ingresos económicos de Puno Estado Federal.
Esa fortaleza económica, podrá permitir a desarrollar el agro y los pueblos de Puno profundo.

Esta potencialidad indica que la Región Puno, sin lugar a vacilaciones y dudas podemos constituirnos en Estado Federal que podrá conllevar de manera paulatina a nuestro país como Estados Unidos del Perú o República Federal del Perú. Y así el Perú seguirá más unido que ahora. El federalismo no es separatismo ni división territorial del Perú.

El Estado peruano que es único e indivisible, se ha convertido en un instrumento de marginación y abandono del Perú profundo y últimamente en el premeditado excluidor de la Región Puno, bajo el mandato del gobierno del APRA, Alan García Pérez, Unidad Nacional (UN) y del fujimorismo (1).


¿Por qué Estado Federal, si ya somos región?.

La región actual que es el resultado de la descentralización neoliberal, no tiene autonomía política plena y suficiente plata; por lo que no permite a su Gobierno Regional a decidir con autoridad resolver los problemas socio-económicos de sus pueblos, campesinos y trabajadores.

Si la Región Puno, fuera Estado Federal, tendrá autonomía (autoridad o soberanía plena de gobierno) política plena y a la vez contará con suficiente dinero que podrá permitir resolver los problemas sociales y económicos centrales de los puneños (as).


(1)Alberto Kenya Fujimori Fujimori con su autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992, disolvió las regiones y gobiernos regionales del Perú. (Juan Rojas Vargas )

Contra el centralismo
Durante la República, desde antiguo y declarativamente por lo menos, se ha tratado de dotar a las regiones de atribuciones que, supuesta y finalmente, condujeran a la descentralización del país.
La decisión, al final, quedaba en manos del poder en Lima. Y ya conocemos los resultados.

Es decir, y para esta fecha, todo el país se encuentra “acostumbrado” a la concentración absoluta del poder en Lima. Por ello se explican algunas reacciones tan viscerales de algunos “críticos” a la propuesta federativa.

Desgraciadamente las supuestas competencias de los gobiernos regionales como son “desarrollar y regular actividades y/o servicios en materia de agricultura, pesquería, acuicultura, industria, agroindustria, comercio, turismo, energía, minería, vialidad, comunicaciones, educación, salud medio ambiente, conforme a Ley” quedan absolutamente en el papel.

Es decir, sigue prevaleciendo en todas las instancias de la centralista estructura del Estado peruano actual, un deplorable espíritu mediatizador y castrante, esencialmente antidescentralista: las autoridades regionales sólo se dedican a administrar las miserias que Lima les arroja y a la postre, actuar “conforme a las leyes” que finalmente disponga el poder intrínsecamente centralista en Lima.
Paradójicamente nadie puede desconocer que en el actual Congreso de la República hay una nítida mayoría de representantes de provincias. ¿Cómo explicar entonces su conducta y vocación centralista? Porque resultan siendo miembros de partidos políticos esencialmente centralistas o en todo caso prevalecen sus intereses personales e inevitablemente voces provincianas terminan asfixiadas o contaminadas por la corrupción centralista.

En nada avanzaremos en las próximas décadas, ni en siglos, si los pueblos del Perú no son capaces de dar el golpe de timón que la historia reclama. En esa dirección hacemos la propuesta de Federalizar el Perú.

Criterios de demarcación
Un país, como una región, o una región federal, es al propio tiempo el pueblo que lo compone y el territorio sobre el que aquél se asienta. Concurren el sujeto protagónico y el objeto de que aquél se vale para la consecución de sus objetivos.
Pues bien, por múltiples razones sobre las que la Historia, en particular, no puede evadir su responsabilidad, cada vez que se estudia o focaliza la atención sobre un país, o sobre una región, tradicionalmente se tiende a privilegiar la importancia del segundo elemento: el territorio, el objeto; y todos los otros elementos que le son consustanciales (situación económica, integración física, riquezas disponibles, etc.). Basta escuchar a nuestros gobernantes o a los técnicos del Fondo Monetario Internacional, por ejemplo.
En sus discursos o en sus recetas, hacen tabla rasa de las diferencias que existen entre nuestros pueblos o que se dan al interior de los mismos
No, no se trata de desarrollar un territorio por el territorio mismo, sino en la medida en que es el recurso para el desarrollo del pueblo que se asienta sobre él. Ni de desarrollar tampoco entonces la economía de un territorio por la economía misma, sino en tanto y en cuanto es la expresión de la situación de bienestar o frustración del pueblo que la sostiene. Consistentemente, pues, no se trata de emprender la descentralización en función del territorio o de la economía que se da en él, sino en función del pueblo, de sus intereses y sus expectativas.
De allí entonces que, para definir la demarcación territorial, o, si se quiere, el escenario en el que deberá darse el proceso de federalización, debe privilegiarse los aspectos humanos y sociales de la cuestión, antes que los aspectos no humanos o materiales del asunto.
En virtud de ello, y en principio y sobre la base del conocimiento aportado por las ciencias sociales, y en particular la Sicología, la Antropología, la Sociología y la Politología, postulamos que uno debe ser el criterio rector: cada Región o, como postulamos, cada Región Federal debe reunir una población homogénea, o lo más homogénea que sea posible.
Porque a mayor homogeneidad, mayor identidad de intereses y, en consecuencia, mayor identidad de objetivos; en definitiva, y a la postre, mayores posibilidades de consenso. En otros términos, a mayor homogeneidad menor potencialidad de conflictos.
Cómo desdeñar este principio, habida cuenta de la enorme importancia y trascendencia que la ausencia de conflictos y el consenso que de ella intrínsecamente se deriva, tienen en el manejo de los asuntos públicos. Más aún cuando, como en el caso de nuestro país, la experiencia de manejo descentralizado hasta diríamos que debe partir de cero.
No se crea sin embargo que estos son planteamientos puramente académicos. No, aspirar a reunir en cada Región a una población homogénea no es sino recoger la que aunque por lo general poco reivindicada, es sin embargo, y sin duda, la más importante constatación que puede hacerse sobre los pueblos desarrollados del planeta: son básicamente poblaciones homogéneas.
He ahí, por ejemplo, Suiza, Alemania, Suecia, Inglaterra, la mayoría de ascendencia anglosajona de Estados Unidos, Japón, etc. Y precisamente por homogéneas es que se han descentralizado.
Es decir, siendo homogéneas es que, desde muy antiguo, en salvaguarda de sus legítimos y similares intereses individuales y familiares, todos entendieron que tenían igual derecho a disponer de las riquezas del territorio; y, en salvaguarda de sus legítimos y comunes intereses colectivos, todos reconocieron la importancia de ocuparlo y desarrollarlo en toda su extensión, sin dejar espacios vacíos que siempre son vulnerables a ser ocupados por terceros.
Pues bien, cuando se habla de homogeneidad poblacional, normalmente se tiende a hacer prevalecer, cuando no a considerar exclusivamente, la homogeneidad socioeconómica.
No, no hablamos de ella. O, en todo caso, no hablamos preponderantemente de ella. Bastante más significativa es la homogeneidad sociocultural, en su sentido antropológico y sociológico, y en cuya definición adquieren preeminencia las variables históricas, étnicas, lingüísticas y políticas. Éstas, pues, serán las variables instrumentales o criterios con los que se deberá tratar de precisar y reunir poblaciones homogéneas en los Estados Regionales:
De orden histórico
De orden étnico y etnolingüístico
De orden político
Sin embargo, y bajo la insoslayable condición de que no colisionen con ellos, habrá que recurrirse a criterios complementarios, que en general son precisamente aquellos que tienen a estar relacionados con el territorio
De orden geográfico
De orden económico
De integración física
Creemos que estos son los criterios básicos a emplear para definir la demarcación de los Estados Regionales. Como se verá, el uso consecuente de ellos da curso a una demarcación sensiblemente distinta a la departamentalista.
Puede haber serias resistencias para adoptarlos. Más todavía entre quienes, con precipitación y vehemencia, están defendiendo el centralismo -porque muchos de ellos se benefician con ello-, y como sea. Nuestra propuesta no sólo puede suscitar entonces resistencias porque supone estudio y reflexión. Sino, además, porque una demarcación diferente a la departamentalista representa afectar los siempre presentes aunque bien mimetizados intereses caciquistas.
En coherencia con un postulado que hemos planteado bajo el principio de Rebelión contra el centralismo somos conscientes de cuántas resistencias habrán de desatarse para mediatizar la descentralización.
Los siguientes son los criterios que puede usarse para que vaya progresivamente redefiniéndose la demarcación de los Estados Regionales. Es decir, y en la práctica, para lograr integraciones interdepartamentales adecuadas; o, si se prefiere, lo menos conflictivas.

Criterios para la Federalización
De orden histórico:
Deben pertenecer a una misma Región aquellos pueblos que tienen una larga, centenaria y hasta milenaria, idéntica raíz histórica.
Así, a nuestro juicio todos los legítimos descendientes del pueblo kolla deben formar parte de una misma Región. Y otro tanto, por lo menos también, deberán hacer los igualmente legítimos descendientes de las ancestrales naciones chimú, chavín, ica, chanka, inka, tallán y chachapoyas.
En sentido inverso, resulta absurdo, porque es potencialmente conflictivo y porque resta fuerzas en vez de incrementarlas, reunir en una misma Región a pueblos con relaciones conflictivas y/o de muy pobre vinculación histórica. En la experiencia de la regionalización que se diseñó y puso en práctica en el período 1987-92, quizá el mejor ejemplo de un error de esta naturaleza fue el que se dio al conformar la Región Inca, en la que se forzó la reunión del pueblo inka, del Cusco, con sus ancestrales e incluso sojuzgados rivales, los pueblos antis del vecino Madre de Dios.

De orden étnico y etnolingüístico:
De igual forma, deben pertenecer a una misma Región pueblos que tienen los mismos orígenes étnicos y la misma lengua.
Así, no corresponde, y menos todavía mientras subsistan las diferencias, integrar en una misma jurisdicción a pueblos con raíces étnicas distintas. Ese error también se cometió en el citado caso de Cusco y Madre de Dios. Y se dio en el caso de la forzada y abortada integración entre los pueblos chimú, de La Libertad, y chachapoyas, de San Martín. O, peor todavía, en el caso de la Región Nor Oriental del Marañón, de la aún más forzada integración de los pueblos chimú, de Lambayeque, con los cajamarcas, de Cajamarca, y los chachapoyas, de Amazonas. Menos aún corresponde integrar pueblos que tienen idiomas distintos. Tal fue, una vez más, el caso de la reunión de inkas, quechua parlantes, con los multilingües aunque no quechua hablantes pueblos de Madre de Dios. Pero también fue el caso, en la Región Los Libertadores Wari, con la integración del pueblo ica, castellano parlante, con el pueblo chanka, quechua hablante.

De orden político:
No sólo en el sentido tradicional y restringido del término, referido a filiaciones partidarias; sino sobre todo en su sentido más amplio y rico, y que se refiere a las fuerzas que es capaz de reunir un pueblo en pro de sus objetivos. Deberá procurarse, en la medida de lo posible, que los pueblos numéricamente pequeños se integren con aquellos vecinos con los que se da más homogeneidad.
En el sentido tradicional del término “política”, las encuestas, y mejor aún los resultados electorales, son generalmente una buena pauta. Así, por razones históricas que aquí poco representaría ahondar, hay claras manifestaciones de tendencias ideológico políticas más o menos prevalecientes en cada departamento.
En conciencia de ello, resulta absurdo reunir en una misma jurisdicción a poblaciones con posiciones políticas que, siendo legítimas, son distintas, e incluso contradictorias. En ese caso, y antes de comenzar, se está restando antes que sumando. Y es esto último lo que, insistimos, corresponde buscar.
Ya es bastante suficiente con que el Congreso en Lima refleje pugnas políticas que hacen interminables y tediosos los debates, y difíciles y precarios los consensos.

De orden geográfico:
Los límites geográficos de las circunscripciones estatales deben ser también los más adecuados. Con ello queremos indicar que estén “naturalmente perfilados” o, si se prefiere, preponderantemente perfilados por grandes accidentes naturales del territorio. Bastará con ello para que, a este respecto, sean lo menos potencialmente conflictivos.
Estas complejas situaciones deberán ser abordadas y resueltas lo antes que sea posible. En todos los casos, sin excepción, los límites orientales de los Estados Regionales costeños deberán estar definidos por la línea de más altas cumbres de la Cordillera Occidental. Y en el caso de los Estados Regionales amazónicos, sus límites occidentales deberán quedar definidos por la línea de más altas cumbres de la Cordillera Oriental.
Y, aunque más difícil de precisar, en la medida de lo posible deberá respetarse el mismo criterio para el caso de los Estados Regionales típicamente cordilleranos. Pero además, y también sin excepción, cada valle deberá quedar bajo jurisdicción de una provincia y sólo una región.

De orden económico:
En definitiva, se trata simple y llanamente de lograr que cada Región tenga suficientes disponibilidades de recursos de distinto género, y de estructura productiva, como para garantizar un mínimo desarrollo autónomamente sustentable. Es decir, que los Estados Regionales deben disponer de una capacidad económica suficiente como para que produzca los excedentes indispensables para reinversión en nuevas actividades productivas, y para atender las enormes demandas de sus poblaciones.

De integración física:
Aunque estrechamente relacionada con la anterior, puede y debe no obstante distinguírsele. Y es que la pobreza inaudita de la infraestructura terrestre peruana es tal que, por lo menos en el corto y mediano plazos, es decir, mientras no se amplíe significativamente las redes viales. Las pocas vías existentes se constituyen en recursos de apalancamiento de repercusiones invalorables. Las vías existentes deben tenerse en cuenta para coadyuvar a definir qué regiones deben integrarse.

BIBLIOGRAFIA BASICA:
Luis Guillermo Lumbreras: De los Pueblos, las Culturas y las Artes del Antiguo Perú, Lima, Moncloa. 1972
Alfonso Klauer: La República Federal de los Andes, 1ª edición / Marzo, 2002 / Lima • Perú

Puno, Estado Federal: imposible de conservadores
Por Juan Rojas Vargas

Sólo se anteponen los hombres y mujeres de avanzada y revolucionarios y frente a ellos se oponen los conservadores, neoliberalizados y neoliberales que pretenden mantener el status quo del sistema político, social y económico imperante del Perú.
El maestro José Carlos Mariátegui La Chira, sustentaba en el sentido que los departamentos eran funcional al centralismo (1) cobijado en la ciudad de Lima, porque no le hacían problema político, social, económico y cultural al centralismo. Los cuadros políticos pre-Mariátegui, no fueron capaces de generar movimientos políticos de creación de economías que capten elementos modernizantes, tecnológicos y científicos en los andes del Perú que le cause problemas a la costa, particularmente a Lima. Desde esa ubicación, el Amauta; ha propuesto el nuevo regionalismo en el contexto de la revolución ni calco ni copia, sino creación heroica. Y ese regionalismo tenía que ser político y económico y no sólo semi-político y míseramente económico y completamente administrativo como es la actual descentralización neoliberal y centralista para la Región Puno.
En el incanato, el Qollasuyu; donde se ubicaba Puno, fue un Estado, un Estado líder (qollanan), por que sus hombres y mujeres sustentaban la economía a través de los trabajos de la agricultura, posteriormente, en la época republicana donde reinó los hacendados y gamonales, se añade la ganadería.
En los años de 1980, en el departamento de Puno, los que se antepusieron fuimos los de la izquierda (comunistas y socialistas) por la regionalización del Perú, en ese contexto trabajamos y luchamos porque Tacna, Moquegua y Puno sean una región, existió quienes sostuvieron que el departamento de Puno, sólo podrá ser región (2).
Hoy cuando el Gobierno de la Región Puno y siete consejeros regionales, declaran a la Región Puno (departamento de Puno) en Región Federal Quechua-Aymara, hay quienes se oponen desde una ubicación conservadora, neoliberalizado y neoliberal del actual sistema político del Estado peruano, en ella están desde la ciudad de Puno: Victor Madariaga Ancieta, Yonhy Lescano Ancieta y Yehude Simón Munaro, este último de Lambayeque. Estos conservadores y neoliberalizados creen que la creación de la Región Puno como Estado Federal debe ser amparado en la Constitución y leyes del régimen neoliberal del Perú, olvidando que en los años de 1985-86 para regionalizar Puno y el Perú se han dado declaratorias y manifiestos legítimos y políticos desde las organizaciones populares y del Gobierno Local Puno.
Lescano Ancieta, Madariaga Ancieta y Simón Munaro, no sólo abrazan el conservadurismo y son neoliberalizados, sino también abrigan el catastrofismo y pesimismo cuando se propone lo nuevo en esta era contemporánea, que triste que estas personas sean los magníficos comparsas del centralismo político y económico de la ciudad de Lima y del gobierno del APRA, Alan García Pérez, UN y del fujimorismo.
Expresar que la Región Puno cuando sea Estado Federal, no sobreviviría es pesimismo, catastrofismo y elogiesta del centralismo de la alta casta de Lima y de la descentralización neoliberal y centralista que se puso en marcha por el gobierno neoliberal de Alejandro Toledo Manrique hasta el gobierno neoliberal del APRA y Alan García Pérez, Unidad Nacional (UN) de Lourdes Flores Nano, Ántero Flores Araos,Rafael Rey Rey y del fujimorismo. Esta descentralización neoliberal y centralista en el departamento de Puno, llegó a su limite y no da más (tiene de denominación como Región Puno, pero en la realidad es el departamento de Puno).
La declaratoria del 11 de septiembre por el Gobierno Regional Puno y 07 consejeros regionales a la Región Puno como REGIÓN FEDERAL QUECHUA-AYAMARA, todavía no es Estado Federal, sino es un gesto y hecho hacía el logramiento de Puno Estado Federal, por lo que está dentro de los marcos de la Constitución fujimorista de 1993; porque por delante prima el término región, que indica que por muchos tiempos seguirá denominándose como Región Puno, lo importante es que desde el Gobierno Regional Puno se marcó el camino por Puno Estado Federal. Alguien tenía que hacerlo, esta vez fue el Presidente de la Región Puno, 07 consejeros regionales y algunos funcionarios del Gobierno Regional Puno.
¿Por qué la Región Puno debe ser Estado Federal?. Los problemas socio-económicos de los quechuas, aymaras y mestizos de abajo, no se han resuelto de manera concluyente. El Amauta Mariátegui, constató que antes de él y en sus tiempos el federalismo o regionalismo tenía sentido si se proponía a solucionar los problemas del indio y los problemas de la tierra. Hoy los indios que heredan a los indios de la era de Mariátegui, se denominan campesinos comuneros o campesinos (quechuas y aymaras) y los quechuas, aymaras y mestizos de las ciudades, requieren del progreso y desarrollo a la dimensión del mundo moderno que podrá lograrse a través de obras (¿a caso no es cierto que cada alcalde de cada provincia reclama unas obras de grandes dimensiones?) que podrán crear centros de producción de riqueza para dar trabajo a sus habitantes por que los tengan realizados sus aspiraciones básicas y dignas como la alimentación, educación y salud y que estos estén entrelazados de realizaciones óptimas como la vestimenta y vivienda.
Con los 60 millones de nuevos soles de presupuesto para obras con que cuenta el Gobierno Regional Puno, no es posible realizar obras de grandes dimensiones en cada provincia y distritos. Con los 60 millones, sólo se podrá asfaltar un aproximado de 50 kilómetros de carretera. Y el Estado Federal, tiene que resolver esos problemas de progreso y desarrollo del Puno profundo. Aparte que la descentralización neoliberal en la Región Puno que tocó el techo, la política de exclusión a la Región Puno del gobierno del APRA, Alan García Pérez, UN y del fujimorismo, no permite al Gobierno Regional a resolver los asuntos socio-económicos de los quechuas, aymaras y mestizos.
¿Es cierto que Puno Estado Federal, no sobreviviría? La Región Puno de principios del siglo XXI aporta al PBI nacional con 3 mil 500 millones de nuevos soles, de los cuáles el Gobierno de la Región Puno; recibe del gobierno nacional centralista: 650 millones, de este monto, 590 millones es para remuneraciones de trabajadores, quedando 60 millones para obras.
Los gobiernos locales provinciales y distritales de la Región Puno, receptan del gobierno nacional centralista: 400 millones de nuevos soles. En total, la Región Puno, recibe del gobierno centralista nacional; 01 mil millones 50 mil, quedándose con el gobierno nacional centralista la suma de 2 mil 450 millones de nuevos soles.
Honradamente con este monto de recursos económicos que tenemos podemos ser Estado Federal. A estos montos, añádenoslo las aportaciones que podrán generar nuestros recursos naturales, el nuevo tratamiento del comercio y el nuevo tratamiento del agro y la innovación del turismo.

(1) José Carlos Mariátegui La Chira, pág. 203 de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana.
(2) Ingeniero, Oscar Chaquilla; sustentaba Región Lupaca, entendido como región sólo al departamento de Puno de los años de 1980 hacía 1990.

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